UN IMPERIO DE HORMIGÓN ARMADO o la historia casi familiar del ascenso y caída de la constructora Arienti & Maisterra



El marco

El desarrollo de las ciudades atraviesa varias etapas. En cada una de ellas se construye tanto como se destruye y así se va formando una estratigrafía urbana, que contiene –como en el caso de las civilizaciones desaparecidas-, un substrato social.

Según Juan José Sebreli –que escribe a mediados de la década de 1960-,  durante la llamada Década Infame “…la ciudad de Buenos Aires conoció su último momento de esplendor; adquirió su tono de ciudad moderna, con la apertura de nuevas avenidas y diagonales, los primeros rascacielos y la extensión de la red de subterráneos. La construcción de casas de departamentos desde la mitad de los años treinta y primeros cuarenta no fue superada en cuanto a su cantidad y calidad arquitectónica”.

Superada la crisis producida por el “crack” de 1929, el ciclo se completa durante la década siguiente (1940-1950), agotándose el “impulso ascendente” iniciado con el proyecto nacional fundante dela Generacióndel 80. El área metropolitana se expande hacia partidos más distantes del centro, formándose lo que se llama “región metropolitana”. La segunda etapa de metropolización importante empieza aproximadamente en 1947 y se extiende hasta mediados de la década de 1960, para desacelerarse después.

En este período de tiempo, no muy extenso en términos  históricos pero sí muy intenso, se cambiaron los conceptos de diseño  y los métodos de construcción;  nacieron grandes empresas constructoras al calor de la obra pública y de importantes emprendimientos privados. Hasta que un buen día, muertos quizás los fundadores, cambiadas –cuándo no- las reglas de juego económico y sacudido el país por alguno de los tantos avatares políticos, desaparecieron.

Alguien ha llamado “ciudad efímera” a esa que se ha perdido en un lapso de unos pocos años; usando esta denominación para designar a un conjunto de construcciones precarias, que aparecen en algunas viejas fotografías y que tienen la fisonomía de lo provisorio, de lo “transicional”. Pero en nuestro país no solamente lo precario es –o puede ser- efímero y tiende a desaparecer, a ser substituido, borrado, olvidado. También las construcciones importantes, de valor artístico o histórico,  pueden ser suprimidas en aras del “progreso”. Edificios institucionales, salas teatrales, sedes de grandes empresas, fábricas, molinos; referentes tan sólidos como el acero o el cemento, que fueron partícipes de la construcción de la nación, pueden transformarse, por obra de un fenómeno que trataremos de explorar, en efímeras.

Tal es el caso de la firma Arienti & Maisterra, alguna vez poderosa concesionaria de grandes obras públicas, a la que debemos buena parte del paisaje urbano de Buenos Aires y que perdura apenas en la memoria de los mas antiguos habitantes de Barracas al norte. Empresa surgida al amparo de ése “impulso ascendente” del que hablamos más arriba,  en 1970 ya no existía. Aparte del recuerdo de algunos nostálgicos y, por supuesto, de las obras que se mantienen en pié, poco es lo que se conserva de su historia –que es la de los hombres que la fundaron y trabajaron en ella- y está bien cubierto por esos estratos urbanos que ya mencionamos, algunos de naturaleza material y palpable y otros de un tipo mas intangible pero, como ya veremos,  igualmente efectivos. No hay documentos ni registros, sólo una inscripción en un puente o en la fachada de un mercado convertido en centro comercial; una dirección y un teléfono en una vieja guía telefónica: Avenida Vélez Sárfield 1851, teléfono “Estación Barracas” número 316.  Las obras, como las pirámides, están ahí pero los datos de su construcción se han perdido o están bien ocultos en algún archivo oficial.

Una entrada en la “Gran Enciclopedia Argentina” de Diego Abad de Santillán, que después se revela como parcialmente errónea, nos informa: “Maisterra, Blas. Industrial (1882-Buenos Aires- 1953) Participó activamente en la industria de las construcciones y formó parte del directorio del Nuevo banco Italiano y de la Cámara Argentina de la Construcción. Fue uno de los socios fundadores de la institución vasca Gure-Echea y de otras entidades de esa colectividad española en Buenos Aires”.

Dos llamados telefónicos que, en principio,  parecen no aportar nada; en la Cámara responden que no tienen registros históricos de nada, que no se ocupan de la historia de las empresas asociadas; en Gure-Echea atiende un contestador automático que no da muchas opciones, pero al menos deja espacio para la duda. Y donde persiste la duda anida la esperanza.

Algunos días después, un empleado de Gure Echea  responde al mensaje e informa que Blas Maisterra no figura en los registros como socio fundador. Agrega que una empresa, que respondía a la razón social de Arienti & Maisterra, se presentó oportunamente a  la licitación para la construcción de la sede de la institución, en la actual calle Juan Domingo Perón (ex Cangallo) 2143; pero finalmente la obra fue adjudicada a otra firma.

Enla CámaraArgentinadela Construccióny enla Direcciónde Vialidad Nacional no hay mejor suerte: en la primera no se guarda información de las empresas que formaron parte dela Cámara, sólo de las que están en actividad. En la segunda, el archivo “está embalado y guardado en el subsuelo”.

De cualquier forma, los llamados sirven para empezar a transitar un camino, que pasa por la comprobación de que enla Argentinalos registros útiles para una historia industrial prácticamente no existen.

Quedan, sin embargo, como mudos testigos enormes galpones abandonados, estructuras formidables de hormigón, vías de ferrocarril que hace décadas transportaron materiales y mercaderías, obras con nombres grabados que ya casi no significan nada nada. Mudos testigos que, en realidad, con su presencia nos transmiten un mensaje; testimonios en un lenguaje olvidado, cuya trabajosa decodificación es una tarea  que debemos emprender, que nos dará las claves sobre los cataclismos que causaron el derrumbe del proyecto nacional al que respondieron.

  

Las familias

Don Fermín Maisterra llegó ala Argentina, procedente de su Navarra natal, precisamente en 1880. El 12 de octubre de ese mismo año, Julio Argentino Roca asumía la presidencia dela Nación. Fermíncontrajo matrimonio con Doña Javiera  Etcheverría –que era vasca-  y se fueron a vivir a Barracas. Tuvieron seis hijos, de los que Blas era el tercero, después de Martina y Dominga. El padre murió en 1891 y entonces la familia se mudó a una casona de la calle Yapeyú 85, donde ahora hay  una casa de departamentos.

Bls Maisterra trabajaba “en algo relacionado con los saladeros de cueros”, hasta que, en algún momento de la década de 1920, ingresó como vendedor a la casa Atorrasagasti, Bargués, Piazza y Compañía, que funcionó hasta hace un tiempo en la calle Bartolomé Mitre,  cerca de la iglesia deLa Piedady era conocida por el slogan de “La casa de los 10.000 artículos”. Allí trabó relación con otro empleado de la firma, Zenón Arienti;  ambos decidieron asociarse y aprovechar las posibilidades que brindaba el “país de las vacas gordas” a los hombres con iniciativa.

Fundaron entonces la empresa Arienti & Maisterra, dedicada al rubro de la construcción. Tuvieron un rápido éxito económico y, por consiguiente, el correspondiente ascenso social. Tanto es así que, según recuerda uno de los sobrinos de Blas,  ya en 1927  Don Zenón Arienti se paseaba en un flamante automóvil Sunbean, traído especialmente de Alemania, con faroles de carbono, del cual había sólo tres en todo el país y se había hecho construir un “Petit Hotel” en la esquina de Río de Janeiro y Rivadavia, que todavía se conserva.

Volviendo a los Maisterra, Fermín -otro de los hermanos- tuvo a su vez cuatro hijos, dos de los cuales están sentados frente a mí en un departamento del piso trece de un edificio de clase media acomodada de la Avenida Las Heras, y me cuentan la historia de su familia:

-En la familia éramos mi padre, Fermín;  mi madre, Ana Raquel Botti;  María Angélica, la hermana mayor, que falleció; Osvaldo Fermín, que también falleció; él (señala a su hermano) Norberto César y yo César Augusto. Vivíamos en la calle De las Victorias 3761. El tío Blas vivía con su madre y dos de sus hermanos en la casa de la calle Yapeyú 85. Todos ellos solteros: Blas, Máximo y Francisca.  Además de papá, había dos mujeres casadas. Martina estaba casada con un tal Manterola, cuyo hijo, César, fue abogado de la empresa-.

-Nosotros queríamos mucho a la abuela Javiera, era una abuelita muy buena –dice Norberto César – Todos la llamábamos “Mamá Javiera”-.

-Probablemente por eso,  Blas y los otros hermanos que vivían en Yapeyú no se casaron. Blas, en particular, era muy apegado a su madre-.

– Una vez, cuando era jovencito y ya andaba noviando por ahí, se me ocurrió decirle a Blas: “Tío, qué raro que usted no se casó…”  Y él me contestó: “¿Sabés por qué no me caso?… para no crear nuevos afectos”. Es algo que me quedó grabado en la memoria- Norberto César Maisterra hace una pausa y mira por la ventana, quizás las criaturas del pasado lo estén ayudando a recodar –El sufrió muchísimo con la muerte de su madre y después con la de su hermana Francisca. Era un hombre muy sentimental, muy bueno. Doña Javiera murió el 21 de julio de 1937.  Después, Zenón Arienti se casó en segundas nupcias con una tía nuestra, Dominga Maisterra, que ya andaba por los cincuenta y pico. Parece haber sido un casamiento para unir a las familias y, en consecuencia, las partes de la empresa. Como para cerrar esta unión, la primera mujer  de Arienti fue enterrada en la bóveda de los Maisterra.  Tito (el ingeniero Héctor Arienti) y sus hermanos eran hijos de la primera esposa de Zenón…-

– Otro hermano de Blas, Máximo, trabajó en el Colegio Nacional de Buenos Aires- acota César Augusto –creo que era Jefe de Celadores. Don Blas Maisterra, integró el directorio del Nuevo Banco Italiano y de Columbia Seguros –que pertenecía al banco-, la sede central (del banco) la construyó la empresa. Después, al morir Blas, entró Máximo. Por la época en que Blas estaba en el directorio ya no iba mucho por la empresa, porque ya andaba delicado de salud. Murió en 1953, el 22 de diciembre de 1953, y Máximo en 1959. Después de la muerte de Blas, la empresa quedó en manos de Zenón y de Manterola…-

-¿En qué año cerró la empresa?-

-Habrá cerrado entre 1965 o 1967, la sucesión se terminó en 1968-

 

Los negocios

La voz femenina en el teléfono nos ha prevenido:

-El ingeniero….mi marido, es una persona mayor y está en diálisis. Pero me parece muy bien que alguien se acuerde de la empresa. En todos los homenajes se habla de (el  ingeniero José Luis)  Delpini y nada más.-

Quedamos para el miércoles siguiente, pues ese día el ingeniero Héctor Luis Arienti no tenía que concurrir a su sesión de diálisis.

El que  abre la puerta del lujoso departamento dela Avenida Quintanaes un hombre delgado y pálido. La ropa, demasiado grande, parece colgarle del cuerpo magro. Amable y directo, me llama por mi nombre y señala el amplio living alfombrado –un poco sombrío- y los sillones de estilo.

Sobre una mesita finamente laqueada, entre adornos y ceniceros nunca usados, hay una pila de fotografías.

Empieza a hablar con voz queda;  a desgranar una historia que es también su historia.

-Yo soy hijo de don Zenón Arienti, uno de los fundadores de la empresa. El otro, como usted ya sabrá,  fue Blas Maisterra.

Cuando decidieron asociarse se mudaron a La Boca y pusieron la fábrica de caños de cemento. Ese fue el origen de la compañía. Después se fueron a Barracas, a la Avenida Vélez Sárfield 1851. En ese predio se establecieron las oficinas comercial y técnica; atrás estaba el galpón con los materiales. Al principio también fabricaban los tirantes premoldeados “Siegwart”, que se ven en una de las fotos-.

-Un concepto bastante moderno para la época-

-Sí, claro-

-Esto sería allá a mediados de la década de 1920…-

El ingeniero se queda un momento en silencio, con la mirada clavada en la pared empapelada; en la vitrina que exhibe unos platos vagamente orientales. Quizás esté calculando la fecha.

-Sí, más o menos 1920 o 1924- dice de pronto. -Por esa época existían también las empresas alemanas, que eran muy importantes; pero la nuestra, de las argentinas, fue la que consiguió competir con ellas en un pie de igualdad, seguirles el ritmo.  En la oficina técnica eran todos extranjeros… alemanes, suizos, etcétera. Después en la parte comercial ya eran todos argentinos.

-Corríjame si me equivoco: más o menos por ese entonces se empezó a cambiar el concepto de construcción en nuestro país; de las estructuras de acero al hormigón armado. De ahí que surgieran varias empresas grandes que se dedicaron a este tipo de obras…-

-Claro, por esa época ya había muchas obras de hormigón…-

-Se estaba construyendo el paisaje de la ciudad, tal como hoy lo conocemos. Tengo entendido que una firma muy importante fue Graciano, Thorne y Cia, que tenía unos camiones semioruga  bastante  impresionantes-

-Pero esa era una excavadora, hacía movimiento de tierras-

-La empresa Arienti y Maisterra se dedicó desde el principio a obras de gran envergadura…

-Sí, era contratista; casas de departamentos casi no hicieron, eran  todas licitaciones. Aunque, entre las fotos que conservo, hay algunas de  edificios de departamento de por acá cerca que todavía están en pié. En Santa Fé y Sánchez de Bustamente, de 1940,  y Agüero y Santa Fé-

-¿En todas las obras, en la fachada, figura el nombre de la empresa?-

-En todas, menos en el Banco Nación-

-¿Cuales fueron las obras de mayor importancia?-

-Creo que la primera importante, de 1929, fue el Arroyo Maldonado. Arienti y Maisterra hizo el primer tramo.

-Ah…, eso aclara un poco las cosas. En el libro sobre el Maldonado, de Diego del Pino, dice textualmente (leo): “Se empezó a trabajar en la obras (del arroyo Maldonado) en el año 1929, y la empresa encargada de esas tareas fue Amente y Maisterra”. Evidentemente hay un error en el nombre, pero se trata de la misma empresa. Sin embargo después, en otro párrafo, dice: “El entubamiento del arroyo Maldonado… es una obra técnica de gran aliento. Ha sido ejecutada por la Empresa M. Kinbaum y Cía.”-

-Claro, la obra se dividía en dos tramos, A&M hizo el primero de cinco kilómetros, el resto lo terminó Kinbaum. Después “vino” la obra de la Administración General de los Ferrocarriles, en Retiro, eso fue en 1931. Y, claro. La remodelación del Mercado de Abasto…-

-Sí, la modificación del treinta y uno que se inauguró en el treinta y cuatro….

-Exactamente. La diseñó el ingeniero José Luis Delpini. Intervino además un ingeniero de Arienti y Maisterra, Luniaseck se llamaba y era de origen checo. Trabajó mucho con Delpini; porque Delpini –que era muy bueno- desconfiaba de esos arcos gigantescos de hormigón que tiene el mercado y se apoyó mucho en Luniaseck. Esto me lo contó el mismo Luniaseck; parece que Delpini no concebía los techos planos, todas eran bóvedas…-

-Como las de una catedral…-

-Sí, era digamos, un poco “imaginativo”.  Después se formó una sociedad que era Delpini, Sulcik y Bes. Sulcik era arquitecto y Bes creo que era un agrimensor. Otra obra fue el Banco de la Provincia de Buenos Aires, de la que también conservo fotografías- señala la mesita laqueada- En Banco se construyó hacia 1939 y fue una obra complicada porque hubo que cavar y apuntalar los edificios linderos, que eran muy antiguos. Fue obra de los arquitectos Sánchez –Lagos- de la Torre, los mismos del edificio Cavanagh.

-La casa matriz del Banco Provincia…

-Sí- busca entre la pila de fotos y muestra una en la que consta una fecha: 18 de julio de 1939. -También el Banco de la Nación Argentina, en Plaza de Mayo. Como ya le dije, era una época en que se empezaban a hacer muchas obras en hormigón armado-.

-Los buenos viejos tiempos…-

Asiente con la cabeza, con una sonrisa melancólica.

También hicieron obras viales, la ruta dos y parte de la cinco…-

-Sí, en obras viales se hizo San Justo Cañuelas; Cañuelas Lobos; Lobos Río Salado y ahí terminó, en la ruta 205. Después los acueductos, creo que se hizo el de Maipú Dolores. Y los caños, claro, de diferentes diámetros y medidas…hasta grandes caños para canalizaciones. Hay una foto en la que se ve muy bien la prueba de resistencia-

-El Puente Pueyrredón no fue una obra de A & M-

-No, ese lo hizo la EAC, la Empresa Argentina de Construcciones que era de capital alemán o suizo, no recuerdo bien. El primero que hicimos fue el del Riachuelo…

-El Puente Avellaneda.

-Sí, el Avellaneda para Vialidad Nacional.

-Yo tengo un amigo, de apellido Limonta , que fue quien me habló de A & M por primera vez; me contó que su abuelo había trabajado en la empresa y me mostró el lugar donde había funcionado-.

-Sí, Limonta, me acuerdo perfectamente. Néstor Limonta era un muchacho joven, muy activo, saltaba los alambrados, porque en Barracas estaba todo alambrado. Después sí se hizo la mampostería; los galpones y las paredes de material llegaron con el tiempo…-

-Con el progreso, Barracas empezaba a cambiar-

-Si-

-Las instalaciones de la empresa, que sobrevivían  hacia fines de los años setenta, eran muy grandes. Realmente impresionantes y estaban a ambos lados de la Avenida Vélez Sárfield. Parecía una pequeña ciudadela, incluso había una vía que atravesaba la avenida…

-Nosotros teníamos ahí dos manzanas: una donde estaban las oficinas y la fábrica de caños y la otra eran los depósitos. Las separaba la Avenida Vélez Sárfield.

-¿Hasta qué año funcionó la empresa?-

-Yo calculo que hasta el setenta…-

-Y sobrevivió a la gran crisis financiera del año treinta-

-Ah, sí, por supuesto. Una  persona que hizo mucho por la empresa fue Limonta, como gerente. La fábrica de caños la manejaba él; no era un técnico en construcciones, pero conocía la mecánica de la fábrica. Llegaba, se ponía un guardapolvo y recorría la planta.

-El además vivía en Barracas…

-Vivía por la calle Pavón-

-Mi amigo todavía vive en la casa que fue del padre y que construyó el abuelo. Queda en la calle Río IV  al dos mil ochocientos…-

-Claro, Limonta después se mudó frente al parque Pereira, como lo llamaban. Yo firmé los planos de la casa de la calle Río IV, por eso me invitaron a la inauguración. Ahí es donde atendía el médico…-

-Sí, el padre de mi amigo era médico y también se llamaba Néstor.

-Con respecto a los caños, ¿recuerda si se usaron en alguna obra importante es particular, entubamientos por ejemplo?-

-Eramos proveedores de Obras Sanitarias de la Nación. Había tres empresas que se dividían el mercado: Crespo, Bocassi y nosotros, todas de Barracas tanto al sur como al norte…-

-Barracas al sur es Avellaneda-

-Claro, es la vieja denominación, Barracas al norte es de este lado del puente, en la Capital, pero ya no se usa Y fíjese qué cosa, las tres empresas cerraron más o menos por la misma época-

-Eso quería preguntarle… ¿qué pasó, por qué cerró?-

-Y… no se manejaron bien las cosas. Se empezó a perder trabajo, resultaba muy difícil ganar licitaciones…

-Algunos problemas relacionados con el momento político quizás-

Se acomoda en el sofá, política es una palabra incómoda.

-No, con la política no tanto. En general nunca tuvimos problemas con la política. En la época de Perón, por ejemplo, nosotros no éramos partidarios del régimen. Pero trajimos a un muchacho que era peronista y tenía al padre en la secretaría… no me acuerdo muy bien, en una Secretaría de Estado, y él nos ayudó.-

-¿En el período de 1945 a 1955 hicieron alguna obra importante?

-Creo que por esa época hicimos el Banco Nación. En realidad el banco lo adjudicó Ortiz, así que era por el año cuarenta. Había otra empresa interesada, la GOP, que era de Joaquín de Anchorena…-

-GOP es una sigla…

-Sí, de General de Obras Públicas…; Arienti y Maisterra estaba primera en la licitación, pero se movieron contactos y la obra se nos iba de las manos. Cuando Maisterra vio que la obra se perdía recurrió a un ingeniero Nogués, que era presidente de la  Radio del Estado. La madre de Nogués  era amiga de la madre de Maisterra; porque tanto Nogués como Maisterra eran “hijos dilectos” de sus madres, muy apegados, vivían hablando de la madre. Y se hicieron muy amigos; entonces cuando Maisterra vio que la obra se iba lo fue a ver a Nogués y le contó del asunto. Parece que Nogués ahí le dijo: “No, escúcheme Don Blas, yo lo voy a ver a Ortiz”. Y lo fue a ver nomás,  Ortiz firmó el decreto de adjudicación y la obra se hizo. El Banco Nación fue un diseño del arquitecto Bustillo; pero Bustillo tuvo ahí una actitud medio rara…-

-¿Cómo es eso?-

-Claro, él dijo que era obra suya nada más, que él era el único creador y que la Empresa no corría para nada. Entonces se pensó en hacerle un juicio, pero todo el directorio del Banco estaba formado por amigos de él…-

-Cuando se ganaba una licitación, la empresa Arienti y Maisterra se ocupaba del diseño o solamente de la construcción?-

-No, no, solamente de la construcción. Por eso en las obras figuran arquitectos diferentes.  Por ejemplo, también trabajamos con el arquitecto Alvarez, que era muy conocido.  Cuando mi padre y Maisterra hicieron el Nuevo Banco Italiano, en Reconquista y Rivadavia, ahí había unos arquitectos Di Lorenzo, Otaola y Roca. Mi padre tuvo una cuestión con los arquitectos y después lo pusieron a Alvarez…-

-Maisterra fue miembro del directorio del Nuevo Banco Italiano…-

-Primero fue mi padre y Blas después, porque mi padre era muy amigo de Merlo, que era el presidente del Banco. Una obra muy interesante, después se refaccionó toda, no se cómo habrá quedado. Aparte de todo esto, en cierto momento se hicieron como veinte obras menores, con un ingeniero suizo alemán que trajo mi padre, Adams se llamaba.-

-¿En qué año falleció su padre?-

Don Luis piensa, a veces la memoria registra la historia con mayúscula y falla en los hechos mas íntimos.

-Era relativamente joven- dice todavía pensativo –Tenía setenta años, fue en el cuarenta y siete por ahí-

-¿Y don Blas?-

-Después, en el cincuenta y cinco-

-¿En qué año ingresó usted?-

-En 1946 y me quedé hasta el final…-

-Y entonces tomaron la dirección de la empresa usted y algunos más…-

-Hicimos una sociedad de responsabilidad limitada. Había un directorio, yo era socio gerente; en su momento mi padre y don Blas habían asociado a Limonta, a un doctor Canciello, a un ingeniero Gutiérrez Acha y a otros…-

-O sea que Limonta llegó a ser socio…-

-Sí, el era más joven que mi padre y que Maisterra. Yo estaba cuando Limonta se descompuso, fue en una cena en la Cámara de la Construcción. Después no se que pasó…-

-Según tengo entendido primero murió la esposa, o sea la abuela de mi amigo. Como eran muy unidos él empezó a decaer-

-Después de la muerte de Limonta se asociaron Gutiérrez Acha y Canciello…-

-Se asociaron y se quedaron con la empresa-

-Bueno… sí, quedaron ahí…-

-¿Hasta que cerró?-

-Hasta que se terminó-

-Una pregunta indiscreta: ¿qué edad tiene?-

Sonríe.

-¿Yo?, ochenta y tres-

-Aparenta menos-

-Sí, pero ya la memoria empieza a fallar…-

Quedan dudas y muchas preguntas flotando, que el hombre pálido sentado frente a mí no parece dispuesto a contestar, ya sea porque realmente la memoria lo traiciona, o porque hay cosas que pertenecen al ámbito de la intimidad familiar que, en este caso, está estrechamente ligada a los negocios. Y –como es de rigor- de eso no se habla.

 

 

Epílogo

Lamentablemente, los otros testigos que aún viven (familiares, amigos o ex socios de la última etapa) se negaron a brindar su testimonio. En el caso de uno de ellos, la negativa fue tajante y hasta amenazadora: “Hay cosas de las que no se habla, es mejor para todos dejarlas como están”, dijo la voz en el teléfono.

¿Quizás un simple prejuicio? ¿Algo que hay que ocultar a pesar del paso del tiempo?

Cualquier respuesta a estos interrogantes puede tomarse como válida, lo único que despejaría las sospechas sería la verdad.

Julio M. Azamor

Entrevistas realizadas entre los años 2003 y 2004.

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Acerca de jmazamor

Escritor, guionista, investigador
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4 respuestas a UN IMPERIO DE HORMIGÓN ARMADO o la historia casi familiar del ascenso y caída de la constructora Arienti & Maisterra

  1. Virginia dijo:

    Hola, soy la nieta de Tito Arienti, Virginia. Mi abuelo falleció en 2007. Me emocionó mucho leer esto porque mi abuelo era muy reservado y nunca nos reveló estas anécdotas. Solamente en una cena nos contó sobre la cuestión del Banco Nación.
    Y me enteré, por esta nota, que mi bisabuelo se llamaba Zenón. Jejej, ahora entiendo porqué mi abuelo le quiso poner Zenón a mi papá. Pero mi abuela se opuso, y le pusieron Héctor.
    Un abrazo grande.
    Gracias

    • jmazamor dijo:

      Hola, muchas gracias por el comentario. Yo tuve varias entrevistas para escribir este artículo y logré juntar bastante material. lamentablemente me faltó información sobre los pormenores del cierre dela empresa, los últimos descendientes de la familia Limonta se negaron a hablar conmigo.
      Saludos y quedo a tu disposición.
      Julio

  2. le agradezco el articulo fue muy interesante, trato de seguir mi descendencia gracias, por estos aportes, mi abuelo directo Miguel Maisterra fue el fundador del centro Navarro, y estoy tratando de buscar datos, el vivió hasta los 99 años y nació en 1869 en Navarra, gracias

  3. Hernán Cataneo dijo:

    Estimado Julio, te agradezco la información. He creado un artículo en la Wikipedia para que quede registro de esta empresa. Te pido autorización para citar fragmentos de esta nota. Asimismo, te invito a agregar información en el artículo de Wikipedia, que estará listo en los próximos días. Saludos. Hernán Cataneo

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